23 septiembre 2009

Exposición de dibujos de arquitectura y ornamentación del siglo XVIII en la Biblioteca Nacional

Coincidiendo con el estudio, restauración y publicación del Catálogo razonado de los Dibujos de Arquitectura y Ornamentación del siglo XVIII de la Biblioteca Nacional de España, del 17 de septiembre al 22 de noviembre de 2009 está abierta una exposición representativa y selectiva de la riqueza de estos fondos. Según los organizadores, "en ella figuran algunos de los más bellos dibujos de arquitectura, proyectos, bocetos y otros apuntes, obra, fundamentalmente, de arquitectos y artistas españoles, italianos y franceses". Además de dibujos aislados, fruto de proyectos o de levantamientos y vistas de edificios ya construidos y de ciudades, también se exponen álbumes de dibujos de diferente carácter que ayudan a explicar las diferentes formas de uso y relación del arquitecto con ese instrumento disciplinar tan decisivo que es la representación gráfica. Tampoco faltan los que resultan de la encuadernación de un proyecto concreto o los que sirvieron para preparar ediciones de estampas de fiestas y otros acontecimientos efímeros, sin olvidar el género de los tratados de arquitectura y fortificación.

La Biblioteca Nacional explica las caracteristicas de esta exposición:
"Entre las diversas y riquísimas colecciones que atesora la Biblioteca Nacional de España, destaca la de dibujos de arquitectura y ornamentación. Se ha reunido, en esta ocasión, una selección de originales pertenecientes al siglo XVIII, periodo especialmente brillante que se debate entre la tradición barroca y el clasicismo arquitectónico. Siempre se ha considerado al dibujo como una especie de tránsito entre la idea del artista o del arquitecto, pegado a su mano, y el resultado final, la obra acabada. Unas veces, están más próximos a la idea o a las aspiraciones del proyecto y, otras, a la obra encargada o terminada.
Hay dibujos de arquitectura que nacen dependientes de su vinculación al proceso de proyecto y construcción, otros que persiguen hacer figurativas las ideas y algunos que se demoran en dibujar lo ya construido con anterioridad o, simplemente, en dibujar lo ya dibujado. También los hay abocetados a mano alzada, que era y es una manera de formular o de apropiarse con agilidad de una idea o de una obra ya hecha, y, también, trazados con la precisión de la regla y el compás. Así, entre la razón y la sensibilidad, entre la línea inequívoca y el trazo poéticamente impreciso, se ofrecen muchos de los dibujos y proyectos aquí expuestos y propios de una época que expresó de forma excepcional estas tensiones.

1. INTERPRETACIONES DE LA TRADICIÓN BARROCA. ENTRE MANERAS NACIONALES Y MODELOS ACADÉMICOS
La manera hispánica. Las tradiciones italianas y francesas
Los dibujos de arquitectura responden, prioritariamente, a necesidades proyectuales, sirviendo de guías metafóricas o a escala de lo que se quiere construir, oscilando entre la seducción que se desea conseguir por parte del comitente de la obra y las exigencias funcionales propias del desarrollo posterior del trabajo. En otras ocasiones solo quieren ser dibujos, quedarse en esa extraordinaria condición, más próxima a la idea del arquitecto que a su posible realización. Es el caso de tantos dibujos sin finalidad práctica, entendidos como ensayos de laboratorio, escenarios de nuevas propuestas y composiciones, o también de los que tienen una función formativa, ya sea en los talleres y estudios, en las propias obras, o en las Academias, que acabarán por dar el tono global del siglo XVIII, siguiendo, eso sí, modelos y tipologías cambiantes a lo largo de la centuria. Y se trata, esta última, de una cuestión crucial que debe entenderse en términos históricos. Es decir, como una tensión real entre ideas nuevas y prácticas tradicionales, casi siempre, Durante la primera mitad del siglo XVIII se produce una progresiva confrontación entre las prácticas tradicionales, por lo general herederas de la cultura barroca y tardobarroca, y principios teóricos y prácticos con vocación universal, identificables genéricamente con los diferentes clasicismos modernos.
Entre los dibujos de arquitectura y ornamentación del siglo XVIII que conserva la Biblioteca Nacional los hay procedentes de muy diferentes colecciones y orígenes, así como de distintos países europeos, siendo los españoles, como es lógico suponer, los más numerosos. Los arquitectos españoles supieron elaborar una acepción propia, una manera nacional hispánica, tentada por la teatralidad del barroco y por la retórica entendida como técnica de composición de citas de muy diferente genealogía, como puede comprobarse en los dibujos aquí expuestos de personalidades tan fuertes y representativas de toda esta época como Vicente Acero, Teodoro Ardemans o José Benito de Churriguera, entre otros muchos. La arquitectura francesa y la italiana fueron, sin duda, las más presentes e influyentes en la cultura arquitectónica española del siglo XVIII. De algunos de esos arquitectos, la BNE conserva varios dibujos excepcionales.

2. LA ARQUITECTURA CORTESANA Y COSMOPOLITA EN EUROPA
Italia y Francia como modelos.
El Palacio Real Nuevo de Madrid, la arquitectura cortesana y los orígenes de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando Los años centrales del segundo tercio del siglo XVIII son, posiblemente, de los más apasionantes de la historia de la arquitectura y, también, del dibujo arquitectónico. Son años marcados por tensiones y confrontaciones entre viejas y nuevas formas de entender el mundo, los del origen de la Ilustración y el inicio de la modernidad, los de la Razón y las Luces, sí, pero también los del comienzo de un período de quiebra y fractura que guarda en el reverso de su moneda las inquietudes de la sensibilidad y de lo irracional, de lo subjetivo y lo imaginario. Son años en los que los arquitectos y sus dibujos sirven, no sin dificultades, a razones propias del pasado y a novedades cosmopolitas e ilustradas, muchas veces confundidas entre la invención, el sueño, el capricho o la utopía y la codificación académica y cortesana, la propia del poder.
En España, durante ese segundo tercio del siglo XVIII, coinciden algunas de las más significativas y complejas aportaciones a la cultura arquitectónica de la época. Dos hechos fundamentales la caracterizan, y su influencia se prolongará a lo largo de todo el siglo. En primer lugar, los proyectos y construcción del Palacio Real Nuevo de Madrid y, en segundo, la creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, íntimamente vinculada a la obra misma del nuevo palacio, siendo sus propios artífices los primeros profesores de la Academia. La venida a España, llamado por Felipe V, del gran Filippo Juvarra (1678-1736), como lo denominara Piranesi, y posiblemente uno de los más importantes arquitectos europeos de ese momento, fue decisiva. Aunque su estancia fuera breve, lo que proyectó habría de prolongar su influencia en la arquitectura española de manera asombrosa.

3. LAS RUINAS DE ROMA Y LA ANTIGÜEDAD COMO MODELO
La imagen de Italia, de Roma y de las ruinas de la Antigüedad en Europa.
Los arquitectos españoles en Roma y en Italia
El destino inevitable de Italia es fundamental en el proceso de formación de muchos arquitectos españoles. La manía por lo antiguo y por lo clásico acabaría por definir, en cierta medida, las nuevas orientaciones de la arquitectura y de los sistemas y modelos de los dibujos. Es cierto que los que lograron hacer el Grand Tour no fueron muchos, pero dejaron algunos de los dibujos de arquitectura más significativos y bellos de la colección que conserva la Biblioteca Nacional de España. José de Hermosilla, Lois de Monteagudo o Juan de Villanueva se trajeron la primera memoria visual de las ruinas y antigüedades; pero, sin duda, las joyas pertenecen a arquitectos que viajaron después a Italia, como Silvestre Pérez o Isidro Velázquez.

4. LA ARQUITECTURA COMO INSTRUMENTO POLÍTICO Y CULTURAL EN ESPAÑA
Los Reales Sitios. Territorio, ciudad y obras públicas.
La arquitectura religiosa
Fueron los Reales Sitios en el siglo XVIII, como lo habían sido durante los Austrias, lugares ceremoniales y rituales de la Monarquía Hispánica, aunque acabaran siendo notablemente ampliados o transformados en muchos casos. En estos tiempos de la casa de Borbón, esos lugares cortesanos, estacionales y simbólicos, constituyeron también una especie de nuevo autorretrato cotidiano y político de la propia imagen del monarca, incluso de la forma de ser rey en España, de Aranjuez al Escorial, del Buen Retiro a La Granja de San Ildefonso, entre otros. En ellos, los arquitectos de la época no solo resolvieron las demandas de representación de los monarcas en términos arquitectónicos y ornamentales, sino que los usaron como un espejo cuya superficie reflejaba la imagen de numerosas novedades de la cultura arquitectónica europea, tanto francesa como italiana. Sirvieron como lugar de confirmación y de ensayo, pero también para codificar nuevos lenguajes y formas de proyectar, así como de dibujar, marcando de forma muy significativa los hábitos locales y ayudando a transformarlos y difundirlos sobre todo por medio de Academia de San Fernando de Madrid.
La arquitectura vinculada a la ordenación del territorio y a la construcción de las ciudades constituye el campo de pruebas más significativo de la práctica arquitectónica y de su utilidad y carácter representativo, en la que tuvieron un papel enormemente significativo los ingenieros y no solo los arquitectos. Los dibujos conservados de esos proyectos constituyen un patrimonio aún fundamental y extraordinariamente operativo, además de ilustrar de manera apasionante los cambios en los sistemas de representación y su directa proximidad ya fuera al arte del diseño o a la eficacia funcional del mismo. Los de arquitectura religiosa son importantes, aunque más numerosos y significativos los realizados en la primera mitad del siglo, tal vez correspondiendo a una especie de histórica y simbólica adecuación entre tradiciones arquitectónicas locales y de la propia Iglesia en España.

5. ARQUITECTURA Y ACADEMIA. EL TRIUNFO DEL CLASICISMO Y DE LA NORMA
Proyectos y modelos. La elocuencia de la norma.
La retórica del ornamento y de lo efímero
Los años finales del siglo XVIII, en toda Europa, contribuyeron a consolidar las múltiples acepciones del clasicismo, desde la más convencional que tenía su origen en la tradición moderna, de Vignola a Palladio y sus epígonos, así como en las interpretaciones, a esa tradición vinculadas, de la Antigüedad romana, especialmente en Desgodetz, a las más renovadoras que surgieron en relación a la arqueología y a la poética de las ruinas. De este modo, el dibujo de arquitectura fijó definitivamente la norma y las convenciones en los sistemas de representación, avanzando incluso nuevas propuestas que tenían que ver con los progresos técnicos e industriales y con el desarrollo de la geometría como ciencia, entre la precisión y la abstracción, pero también pendiente de nuevos lenguajes y de poéticas sentimentales y pintorescas. Es decir, se estableció una especie de normatividad, con distintas orientaciones, que se incorporó al dibujo como medio de expresión gráfica, unificando los sistemas de representación, oscilando entre la revolución técnica y nuevos lenguajes, tipologías y formas de composición, incluidas las académicas e institucionales.
Los dibujos conservados en la colección de la Biblioteca Nacional sirven para comprobar la complejidad y contradicciones de la época y la absoluta disponibilidad ideológica de las nuevas normas y reglas que, en su carácter de compartido código de representación y en su abstracción, podían secundar cualquier programa proyectual. Además, en esos años, los dibujos de arquitectura apuestan también por una distinta construcción del mundo, por nuevos métodos para restituir el pasado, con diferentes intenciones, además de presentarse como espacios del sueño y la imaginación".

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RENFE: estación de Recoletos
Horario exposición:
17 de septiembre a 22 de noviembre de 2009
Martes a sábados de 10 a 21 h.
Domingos y festivos de 10 a 14 h.
Último pase 30 minutos antes del cierre
Entrada gratuita.

[Fuente: Tiempo de Historia]
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